Judith Milgrom crea la Maison Maje en 1998, con la idea de ofrecer una firma a las mujeres activas que experimentan distintas vidas en un mismo día, y quizás también para que perdure en el tiempo el recuerdo del taller familiar por el que merodeaba siendo una niña.

Su sensibilidad y su atención por el detalle la convierten en una creadora extraordinaria en el universo de la moda.

Judith Milgrom, fundadora y directora artística de Maje, representa uno de los mayores ejemplos de éxito en el sector del prêt à porter de lujo accesible.

Desde muy joven, supo que quería vestir a las mujeres y construir su propio lenguaje estilístico. A los 16 años, Judith, de espíritu curioso y mentalidad abierta, pide a sus progenitores entrar como aprendiz en el taller familiar. Lo que inicialmente es una ocupación vacacional termina despertando en ella una auténtica vocación.

Autodidacta, aprende pronto, con pasión y energía. Judith, que cuenta con una madre muy trabajadora y cinco hermanos y hermanas con los que mantiene una gran complicidad, reconoce haber tenido en su familia la mejor experiencia de la actividad empresarial. Se forja un gusto impregnado de luz, color y sensibilidad femenina. Tal vez tenga algo que ver su infancia en Marruecos. De los momentos pasados junto a su abuela mientras esta cosía sus propias prendas, conserva el recuerdo de la confección manual, los estampados y los materiales.

Judith descubre el life style antes de tiempo. El reloj avanza a gran velocidad, y la palabra "imposible" no entra en su vocabulario. Durante tres años, estudia minuciosamente cada una de las etapas de creación de una colección: de la elección de los géneros al patronaje y el montaje final de la prenda. Así nace en ella el deseo de establecer su propia firma. Una marca para las mujeres activas que viven varias vidas a lo largo de un mismo día. Tiene unos treinta años. Solo le falta encontrar el nombre. Maje se impone como una evidencia. M de Moyal, el apellido familiar. A de Alain, el hermano que se lanza con ella a la aventura. J de Judith, y E de Evelyne, su hermana.

La marca ve la luz en 1998. Las mujeres adoptan de inmediato una silueta hasta entonces inaudita. Seda para el invierno, encaje, colores, intencionadamente nada de negro. Y precios razonables. Judith desea introducir unas creaciones de ensueño en el mundo urbano. La singularidad se convierte en un rasgo marcado de su identidad. Apuesta por una mujer independiente que sabe lo que quiere. Para ello, se inspira en los personajes de su familia y su cultura. Judith aboga por el respeto y una determinada elegancia natural. Con frecuencia se le oye decir que "hay que prestar atención a uno mismo para prestar atención a los demás". Sin duda alguna, la elegancia de su padre marca su trayectoria.

Durante siete años, las colecciones se venden en tiendas multimarca. Después llegan las primeras tiendas con rótulo propio. Con las colecciones sin cerrar, le proponen tres fantásticas ubicaciones en París. Judith se lanza a la piscina y firma. No lo lamentará porque, para esta mujer al mismo tiempo frágil y fuerte, "todo es posible" es su lema de cabecera. Sus tiendas son una parte de ella misma, una extensión de su generosidad. El concepto de tienda se define como "nómada moderna", en una mezcla de madera y mármol, con toques bohemios y refinados.

Las mujeres encuentran en ella un espacio distendido donde compartir experiencias. La marca se implanta en tres arterias principales del estilo parisino. Le sigue la apertura de secciones específicas en grandes almacenes. Hoy, la marca cuenta con 200 tiendas en Francia y 150 en el extranjero.

Si bien el éxito es la mejor terapia, debe cuestionarse constantemente. Contra eso, Judith aplica coherencia y honestidad. La moda según ella es orgánica, como el viento, el sol, el mar… No se domina ni se controla. Se vive. De ahí que la marca multiplique sus colaboraciones y asociaciones. Se abre a otros universos, como la música, el mecenazgo con el destacado apoyo a la asociación Mécénat Chirurgie Cardiaque. Invita a talentos, como el dúo de DJ francesas Les Putafranges o la personalidad neoyorquina Vanessa Traina, que han plasmado su sello personal en sus respectivas colecciones cápsula.

Antes que los demás, Maje elige el rostro de Alexa Chung o Lou Doillon para representar la imagen de la marca. Maje multiplica las colaboraciones especialmente con KWay en pleno auge del espíritu "sport chic". La firma parisina se mantiene, avanza con paso seguro y da la sorpresa. En 2011, Judith consigue el reconocimiento de la profesión y es premiada con el Trofeo Mujeres de Oro a la mujer con estilo.

Lógicamente y sin oportunismo ni brutalidad, se emancipa e invita a las mujeres del mundo entero a probar su universo "muy a la francesa".

Dieciséis años después, Maje ha sabido crear su propio alfabeto. Cazadoras de piel suave de lo más favorecedoras, glamurosos vestidos negros, faldas tipo enagua largas y tops amplios mitad bohemios mitad roqueros. Parkas elegantes y chaquetones atractivos. Prendas de punto sumamente agradables y accesorios con un estilo muy especial. Pese al éxito, Maje sigue siendo esa mejor amiga con aires parisinos que se deja llevar por su instinto, fiel a los valores que la vieron nacer.